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Soto de Agues

La presencia humana en Sobrescobio debió ser algo más tardía y escasa que en el resto del valle del Nalón pues aún no han aparecido restos que pudieran ser datados en época paleolítica. Los primeros testimonios arqueológicos son posteriores, corresponden al Neolítico y están representados por cuatro túmulos: Pumarín, Unqueru, Campu La Braña y Monte Caón. Se trata de estructuras tumulares aisladas, de tamaño mediano. En Unqueru destaca asimismo la presencia de un posible dolmen, situado a media ladera y difícil de catalogar.

De épocas posteriores se tienen referencias de pobladores que, aprovechando la riqueza forestal y piscícola, se establecieron en este territorio dejando restos entre los que cabe destacar los castros prerromanos de la Corona de Castro, localizado en Agues (Soto de Agues), y los restos de la Corona, situado en Campiellos. Los restos de la Corona de Castro se ubican sobre un amplio cerro conocido como "El Cueto", defendido por un único foso. Los restos de La Corona, situados en Campiellos, se localizan en un promontorio aislado y su sistema defensivo consiste en dos aterrazamientos concéntricos con sendos taludes.

De la época romana se conservan numerosos restos, como son los vestigios de una vía empedrada que, siguiendo el curso del río Nalón, atraviesa el concejo de este a oeste, desde las inmediaciones de Rioseco salvando las hoces verticales del río Nalón hasta llegar a Anzó en el Lugar de Los Infiernos. Este tramo de calzada recibe el nombre de "Camín d , Acéu" y conectaba con el "Camín Real" llamado del Sellón, calzada que con origen en Villaviciosa servía como vía de comunicación entre Asturias y la Meseta.

 Villamorey

Otras pruebas de la romanización son el Castillo de los Aceales o "Torrexón de Villamorey", construido por las legiones de Augusto por orden de su lugarteniente Casirio y que hay que poner en relación con los castillos y baluartes que de esa época se encuentran en la comarca; así como el propio nombre del concejo, Sobrescobio, al ser un término de raíces romanas que proviene de super scopulum, "sobre el escobio", nombre que se da a los desfiladeros y que hace referencia al angosto paso que sirve de entrada al concejo y; la utilización en la toponimia local de la terminación "ana", que se da, por ejemplo, en Oviñana, donde se localiza la Iglesia de Santa María la Real, fundada a principios del siglo XV y reconstruida bajo la dirección del maestro don Fernando de Posada. En 1718 empezó a usar el título de "Real". Eladio G. Jove nos transmite diversas etapas en la construcción de elementos importantes de la iglesia: entre 1729 y 1732,"siendo cura el Licenciado Don Alonso de Llanos Cifuentes, Caballero de Santiago, se hizo el artístico retablo de la capilla mayor por el maestro escultor Don Francisco de Rivera"; 1868 fue también una fecha importante, pues "se construyó la capilla de los Mártires en la fachada sur y la espadaña, siendo párroco Don José García Ciaño, costeada por Don Juan Suárez Buyeres, de Villamorey", según consta en inscripción. En 1934, durante la Revolución de Octubre, se quemó y fue desmantelada y actualmente tan sólo se conservan sus ruinas. En Oviñana también estuvo ubicado el ayuntamiento hasta su traslado en 1929 a Rioseco, actual capital del concejo de Sobrescobio. La vieja Casa consistorial del concejo, fue reedificada en 1864. Estaba situada en el lado sur de la iglesia. La piedra inscripcional contenía la siguiente leyenda, transmitida por Eladio G. Jove: "Casa Consistorial reedificada siendo alcalde don Wenceslao Canella, año de 1864". Don Juaquín Manzanares, quien fue Cronista Oficial de Asturias, situaba en Oviñana una Torre Militar, de la que no existen vestigios arqueológicos.

La llegada de los pueblos germánicos a los territorios que ocupaba el Imperio Romano supuso una acomodación del uso colectivo del monte al antiguo estado de la población hispano romana. A la vez se incrementa la clasificación de los delitos que hoy consideramos típicamente forestales, como los incendios, talas, roturaciones, robos de leñas y maderas, etc.

Fueron los visigodos bajo el mando de Sisebuto los que a través de la calzada romana que atravesaba Sobrescobio, se internaron en estas tierras.

De la ocupación de árabes o sarracenos, tras la caída de los visigodos, y su asentamiento en los territorios conocidos como "Villa de Moros" ha llegado a nuestros días el topónimo Villamorey, localidad de Sobrescobio, situada a orillas del río Alba.

 Campiellos

No será hasta la época alto-medieval cuando se tenga constancia fehaciente de la existencia de Sobrescobio con denominación propia e inicios de población estable, aunque los documentos atestiguan que estaría integrado en el más amplio territorio de Laviana, sobre la base de la información suministrada por los siguientes documentos: el falso pelagiano datado en el 857 que sitúa a Sancte Marie de Ovellaio (Oviñana)in territotio Flavianensi o la donación que en 1171 los reyes Fernando II y Urraca dan a Ordonio Pelagii. Una heredad llamada "Seuncia, inter Lavianam et Casu" para fundar un "hospicium transeuntibus" por sus almas. Lo cual, nos da prueba del tránsito de comerciantes y peregrinos que cruzan por el Puerto de Tarna y atraviesan el concejo en dirección al centro de la región.

La organización social en los siglos X-XII vendrá condicionada por el papel predominante de los señoríos monásticos, si bien el paisaje rural no se verá profundamente alterado, manteniéndose el valle como unidad natural.

En este periodo son frecuentes las ventas y donaciones, principalmente a iglesias y monasterios. Así, el 11 de febrero de 1185, el rey Fernando II, en unión de su hijo Alfonso, hace donación a la Orden Militar de Santiago, siendo maestre de dicha orden Don Fernando Díaz, de la heredad y Castillo de Sobrescobio, para que sea inmune y libre de la voz regia, con todas sus pertenencias, derechos y términos, haciendo ésta donación a perpetuidad. El texto en el que se recoge esta donación supone la primera mención a Sobrescobio como un territorio delimitado: "illum mean hereditatem et castellum quod Superscouum est nominatum, quod ex hac die illud cautatum et ab omni uoce regis ac potestatem liberam et excusatam habeatis, cum ómnibus directis suis ac pertinentiis..."

La Polina

Posteriormente el usufructo del concejo será cedido vitaliciamente por la Orden a diversos señores, que cobraban el tributo y administraban justicia. Así, en el año 1329 el maestre de la Orden de Santiago, Don Santiago Martín, otorga la encomienda a Don Nuño Froilán y a su mujer doña Mayor, pasando el señorío a usufructo de ellos.

Ese usufructo fue transferido al Adelantado Mayor de las tierras de León y Asturias D. Rodrigo Álvarez de las Asturias.

A su muerte, deja como heredero suyo al infante Don Enrique, hijo natural del rey Alfonso XI, al cual la Orden le encomienda estas tierras con su castillo. Se conserva en el Archivo Histórico Nacional un Privilegio Real, fechado el 6 de abril de 1336, en el que se recoge la fianza y seguridad prestada por Alfonso XI a la Orden de Santiago, de que su hijo el infante D. Enrique devolverá a la orden, en el día de su muerte, los castillos de Gozón y Sobrescobio, que ésta le había dado por mandato del rey.

Pese a la subordinación señorial de las poblaciones locales, se mantiene cierto grado de independencia, actuando el concejo como elemento útil de decisión en temas como el aprovechamiento comunal de ríos, pastos, montes y bosques.

A partir del siglo XII se produce una progresiva reorganización de la sociedad asturiana. A mediados de ese siglo, se inician programas de repoblación urbana de las tierras del norte peninsular por parte de los reyes de Castilla y León.

Esta repoblación se verá fortalecida en la región en el siglo XIII bajo el reinado de Alfonso X, que inicia una política de fundación de pueblas, “Polas”, que continuará su sucesor Sancho IV. Alfonso XI otorga carta de población,“Carta Puebla”, al concejo de Sobrescobio, a petición de sus hijos Enrique y Fadrique. En ella manda a los de este concejo que hagan puebla en el lugar de Oviñana, a fuero de Benavente, concediéndoles diversas exenciones y fijando en la cantidad de 1.200 maravedíes el tributo que debían de satisfacer anualmente a los señores del coto. De esta carta de población, hoy perdida, poseemos referencias bibliográficas y documentales lo suficientemente expresivas como para formarnos una idea bastante aproximada de su contenido.

 Ladines

Durante el siglo XV, la Orden de Santiago mantiene pertenencias en varias comarcas asturianas, entre ellas Sobrescobio, donde también hay presencia de diversas instituciones eclesiásticas en aldeas como Soto y Ladines. Las pertenencias de la Orden se gestionan administrativamente desde el hospital de Las Tiendas en Villamartín, Palencia, aunque el desgobierno es patente en hechos tales como la irregularidad de las inspecciones o que en 1568 sus exigencias señoriales sean todavía iguales que dos siglos antes. En 1484, los Reyes Católicos ordenan que le sea guardado al concejo del lugar de Sobrescobio el privilegio que le concedió Alfonso XI al tiempo de poblar dicho lugar y que ellos habían confirmado.

En el año 1565 la Orden de Santiago acuerda enajenar su jurisdicción sobre el territorio de Sobrescobio. La enajenación se hace en forma de pública subasta en Oviedo (“A la puja la llana”). Preside el acto Juan Gutiérrez, clérigo y apoderado del Hospital de las Tiendas, que pertenecía a la Orden y el tiempo de postura era el marcado por la duración de una candela de sebo. Describe así la compra de su libertad Eladio G. Jove:

"El coto se vendía con sus jurisdicciones y vasallos, la libertad de un pueblo puesta a la puja. El bachiller M. R. P. Diego Pérez, administrador del Hospital de Las Tiendas, recibe mandamiento de la Orden en 1565 para enajenar el coto de Sobrescobio por ante escribano y pregonero.

El pueblo bate sus campanas, especula con ingenio, reúne sus ahorros y nombra su comisión: Pedro Díaz del Prado, de Rioseco, y Diego Fernández, de Ladines, que acuden a la puja. Una candela de sebo encendida hasta el último pabilo, de ella caído, era la señal para adjudicar la venta al mejor postor.

El rico hacendado ovetense Pedro Solís hace primera postura, 600.000 maravedses, Pedro Díaz ofrece 750.000 maravedses, siguen otras pujas; Solís 770.000, y subiendo por terceras partes llega a 800.000. Díaz enmudece, la candela toca a su fin, cae el pabilo, todo parece perdido para el pueblo que ansía su independencia. El apoderado Br. Juan Gutiérrez, clérigo del Hospital, que preside, da por buena la última postura de Solís; pero aún queda una vaga claridad en el ambiente, subsiste el resplandor de la candela breves instantes; y para la libertad tanto tiempo codiciada basta un rayo de luz en un momento de inspiración.

Diego Fernández, otro de los comisionados grita en aquel instante supremo: ¡810.000 maravedíes!...

Rioseco

...No lo admite el Administrador, surge airada la protesta, establécese la duda e iniciase enseguida un pleito de donde sale Sobrescobio como concejo realengo.

En el pleito ante el Tribunal de las Ordenes, manifestó Diego Fernández su mayor postura quedando lumbre y resplandor por buen rato; además, su preferencia para redimirse por el tanto, que lo había hecho por sí y en nombre de los vecinos, y "cualquiera del pueblo es parte para seguir el bien público de tal pueblo". Contestó Don Pedro Solís, entre otras cosas, que Sobrescobio se movía "por tres o cuatro que son muy emparentados y pretenden mandarlo y gobernarlo y hacerse señores del dicho Coto". Fue la sentencia a favor de Sobrescobio en 11 de marzo de 1567. Apeló Solís al Rey, alegando que los vecinos no podían redimirse por pobres, que obraban inducidos por sus enemigos, que no tenían poder, que quisieron cohechar con él, que acudieron para eso a don Diego de Valdés, camarero y tesorero del Arzobispo de Sevilla, etc., etc., hasta la confirmación de la sentencia apelada. Concluso el pleito en 1568, otorgase definitiva carta de venta en Santa María de Las Tiendas a Juan Onís el viejo, alcalde mayor de Rioseco y a Juan de Roces de Soto, por poder ante el escribano del concejo don Pedro Zapico, en la Pola de Oviñana, en el que estaban el alcalde mayor, los dos jueces ordinarios, tres regidores, el alcalde de Hermandad y vecinos de todos los pueblos con los apellidos que aún se conservan. Todo se comprende en Real Ejecutoria de 1573 que firma el Rey con el Capítulo de Santiago.

La carta de compra-venta comprendía el coto y el concejo, los vasallos, la jurisdicción y la alcaldía mayor, la escribanía, las penas de cámara y la tercera parte de las penas de indicios, los roncos y amancebados, las camas de los clérigos que mueren siendo vecinos, 1.200 maravedíes de censo perpetuo por razón de vasallaje, las entradas y salidas, los fueros, los derechos, usos, costumbres y servidumbres.

La Real Ejecutoria ordenaba que se repartiera a prorrateo entre todos los vecinos, que se distribuyeron equitativamente en parcelas las vegas y grandes heredades destinadas a prado, aunque luego pastan sus ganados en comunidad a tanto por cabeza de ganado y media cabeza los terneros. En el interior de los pueblos cada vecino se construye un huerto, y en los montes y majadas forma su casería, dejando el terreno sobrante para bienes comunales. Esta estructura perdura a través del tiempo llegando a nuestros días con pequeñas variantes".

Durante la guerra de la Independencia (1808), en la que participan Sobrescobio y sus vecinos, es de destacar la entrada de tropas del general Gómez por el puerto de Tarna. Durante las Guerras Carlistas Sobrescobio siempre fue liberal y tuvo asiento en la Junta General del Principado.

Anzó
 

Escudo de Sobrescobio